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Yo ya viví

"Yo ya viví". Me lo dijo mi padre poco antes de casarme. Me lo había dicho en algunas otras oportunidades. Era su manera de decir "vos fíjate". Me quedó grabado. Como tantas otras cosas, que sin decir, alguna vez me dijo. Suena casi a un pase mando. Lo que le dirías tal vez a alguien que viene después de vos. Una frase corta de un contenido emocional muy alto.  Suena a despedida, tal vez lo era. Mi padre era de los que de tanto atender pacientes sabía que la vida era algo muy efímero. Estaba siempre listo para partir, con su traje y su corbata. "Yo ya viví..." Y cobra otro significado este fin de semana en la que visité a mi tío Axel, el que fuera su hermano mayor  y pude ver a lo largo de la historia de la familia muchos otros "Yo ya viví". Estaba en la carta que la hermana de mi bisabuelo le envía a mi bisabuelo emigrado, explicando porqué irse de Alemania no era una opción para ella.   "Yo ya viví" estaba también en la carta que mi a...

De sicologos y zapatillas

La semana pasada le puse fin a segunda temporada de terapia. Creo que llegué a un punto en el cuál no había progresos y por ende un buen momento para cerrar una etapa. Nunca me había psicoanalizado. Creo que mudarme a Alemania, separarme finalmente de mi ex mujer y tratar de entender qué me estaba pasando fueron razones más que válidas para iniciar un camino retrospectivo.  Lo mejor que tuvo la terapia fue que pude aprender a dar respuestas distintas a situaciones desconocidas o que tal vez estaban ahí sin que yo las hubiera podido observar con atención y en ese sentido, el tiempo y el dinero invertidos están más que pagados. La vida a veces nos sorprende y encontrarme un día dentro de mi casa sin sentir que fuese ya mi casa o peor aún, encontrarme una noche afuera de mi casa porque ya nunca más podía volver a entrar, son razones más que válidas para consultar con un profesional. Ahora hay algo que un sicólogo no puede resolver, sencillamente porque no somos robots y tenemos límit...

Lecciones de amor en el carnaval

Las relaciones sentimentales suelen ser complejas. En este milenio y en Alemania, bastante más. Mi experiencia me dice que los de allá, manejamos expectativas y velocidades diferentes. Encajar en ese contexto, casi un imposible. Si hay algo que me encanta en Alemania, es ver a esas parejas de abuelos que van de la mano y comparten la vida mientras se cuidan. Lo que no termino de entender es como llegan a ese punto, porque lo que ves al principio es más bien otra cosa. Es que las relaciones en Alemania, se parece bastante a un procedimiento. Serían algo así como el resultado de una acumulación de interacciones que decanta y no algo más vinculado a un sentimiento. A ver, hay sentimientos, no es lo aflora en primer lugar. Se impone la razón, el proceso. Y lo que más me llama la atención y lo digo basado en mi propia experiencia, es que las salidas  tienen un principio y un final muy claros, casi pautados. Y que el código implícito no es el de recordar sino el de olvidar. Te vi hoy, no...

Portugal, mi lugar en el mundo...

Existen lugares para vivir momentos determinados. De la misma manera que existen redes sociales para cada necesidad.   Lo compartí el otro día en mi cuenta de Twitter ( @fedeaug) : Instagram ( @millenniummanx ) es la red para desarrollar el ego. Un lugar donde compartimos lo increíble que somos, lo mejor de nuestras vidas, todo aquello que nos hace distintos. Y twitter sería la red en la que nos permitimos expresar todo lo que nos molesta, aquello que no nos gusta tanto, adonde llevamos y compartimos lo vana y leve que puede llegar a ser nuestra existencia. El famoso lado B. Y algo parecido sucede en Alemania. Si te querés mostrar, si te gusta la moda y querés ser parte de la tendencia, probablemente Düsseldorf sea una ciudad que te siente bien. Por el contrario, si sos de las/ los que le gusta quejarse, o simplemente estás atravesando una etapa de reflexión personal, probablemente te interese visitar Berlín.  En cualquier caso, nunca vas a ser un fit. Y te juro que lo intente...

Todo junto, al mismo tiempo en todas partes - La taza de Dios

Lo comentábamos el otro día en las redes: ya no se lee. O al menos no se lee como antes. te quedás con el título y en el mejor de los casos, si te gustó, haces click y miras por arriba. Creo que este título tiene punch, y si te trajo hasta acá, no me equivoqué al elegirlo. Arranqué este post a sólo 3 días de tomarme un avión para volver a Argentina. Y lo que debería ser motivo de alegría para casi todos, porque regresar es reencuentro, fue para mí una de las batallas emocionales más grandes que me tocó enfrentar, al punto de cancelar el vuelo y 48 horas después volver a comprar el pasaje. Una locura. Bueno, volver a Argentina tampoco es para gente cuerda. Digamos todo. Por supuesto que me gusta Argentina. Es donde están muchos de mis familiares y amigos y ya estoy disfrutando de su compañía. El tema es que no me siento preparado para volver. Y no estoy preparado para volver, porque Argentina es mi pasado más no mi presente y mucho menos mi futuro. O al menos no lo veo como mi destino, ...

Un alemán en construcción (Deconstruyendo al argentino)

Lo mencioné antes: creo en el destino. No en la predestinación. Me refiero en este caso como destino,  a la razón de ser que cada uno tiene que descubrir, el sentido último de la vida. La predestinación por el contrario sería como un camino fijo que uno recorre sin siquiera proponérselo. Una novela escrita de antemano.  Así las cosas, considero que uno, incluso sin saberlo, se va preparando para algo. Definitivamente hay un montón de condiciones previas que están ahí, aun cuando no las veamos. Se hace visible lo invisible, por decirlo de alguna manera, cuando tenemos la capacidad de observar el recorrido. Y justamente son condiciones y no condicionamientos porque es destino y son elecciones personales y de terceros. La famosa libertad interior. Probablemente un deportista de alto rendimiento, se haya preparado para llegar antes de siquiera haber sido consciente. Por supuesto que hay mucho sacrificio y como escuché el otro día, mucho de saber decir no a determinadas conductas p...

No me peguen, soy Giordano...?

 (NdR.: Giordano era un peluquero de renombre en los 90 al que en un Boca River, la hinchada de River interceptó y castigó con fiereza extrema. Mientras estaba en el piso siendo azotado, sólo atinó a decir: "no me peguen, soy Giordano", sin notar que era tal vez por eso que lo estaban golpeando) Estamos en el mundo de las grietas. No nos separan ya opiniones triviales, sino directamente posiciones contrapuestas al punto de no existir diálogo alguno entre las facciones. Porque en cualquier diálogo, hay al menos 2 agentes, uno que habla y otro que escucha y a su turno responde, siendo el primero ahora el que escucha.  En el mundo de la grieta no hay diálogo. o si, ahora distinto. Hay aseveraciones en forma de dogmas y lo único que se construye es un muro que me impide ver o escuchar al otro. Entonces vuelve el diálogo, solo que es menos rico, porque es un diálogo entre pares. Nos escuchamos nosotros que pensamos de una manera y neutralizamos al otro que piensa otra cosa. No sol...