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Portugal, mi lugar en el mundo...



Existen lugares para vivir momentos determinados. De la misma manera que existen redes sociales para cada necesidad.  

Lo compartí el otro día en mi cuenta de Twitter (@fedeaug): Instagram (@millenniummanx) es la red para desarrollar el ego. Un lugar donde compartimos lo increíble que somos, lo mejor de nuestras vidas, todo aquello que nos hace distintos. Y twitter sería la red en la que nos permitimos expresar todo lo que nos molesta, aquello que no nos gusta tanto, adonde llevamos y compartimos lo vana y leve que puede llegar a ser nuestra existencia. El famoso lado B.

Y algo parecido sucede en Alemania. Si te querés mostrar, si te gusta la moda y querés ser parte de la tendencia, probablemente Düsseldorf sea una ciudad que te siente bien. Por el contrario, si sos de las/ los que le gusta quejarse, o simplemente estás atravesando una etapa de reflexión personal, probablemente te interese visitar Berlín. 

En cualquier caso, nunca vas a ser un fit. Y te juro que lo intente de 1000 maneras distintas. Porque hay algo en los alemanes que tiene que ver con su naturaleza y que excede a lo que uno puede llegar a comprender.

Acá un ejemplo concreto: es muy difícil generar un tema de conversación, a no ser que hablemos por ejemplo del clima. Y entonces llega la pregunta obligada: "por qué si sos Argentino venís a vivir acá dónde el clima es horrible?". Al principio la tomaba como una pregunta amigable, como de alguien que se interesaba por mi bienestar emocional y la respondía con naturalidad.

Una segunda mirada me permitió captar que en realidad es una pregunta más retórica, que no conlleva respuesta. Es una invitación a irse. Es un "dejanos solos, nosotros no queremos que venga nadie. De hecho si además no te gusta la comida, mucho mejor. más razones para irte y no volver". El famoso "leave me alone".

Esa sensación de "vos no sos", es casi un karma que te persigue en todos lados. Justo es decirlo, de este lado del país, al menos te lo dicen con buena onda. En Berlín era directamente sarcástico y sin sonrisas. 

Ahí es adonde entra en juego nuestra sangre. En el fondo el Argentino es un tipo que se la banca. Sin necesidad de tener que demostrar nada y probablemente llorando por las noches porque vos querías y no te dejaron, somos capaces de reinventarnos una y mil veces hasta que al final la magia sucede y casi por decantación o por ingesta de alcohol (lo que ocurra primero), terminamos abrazando nuestro destino y nos ganamos un lugar. 

Es un momento mágico en el que dejamos de ser extranjeros para ser parte de la fauna. Lleva no poco esfuerzo y unos cuantos golpes. Al final del día somos, estamos y aunque no parecemos, tenemos un lugar. Y supongo que vale la pena. 

Bueno, en realidad depende. Durante mucho tiempo me sentí un patito feo en esta ciudad tan chic. La semana pasada estuve en Portugal y resulta que era el alma de las salidas, el tipo que más facha tiraba en el bar, el que a su paso marcaba una diferencia. El que se llevaba todas las miradas y las selfies. 

Digo a veces más que intentar pertenecer, hay que dejarse llevar y encontrar el lugar que nos haga felices. Porque hay un lugar para cada cosa y también uno para cada quien. Es ese lugar que nos inspira y nos permite sentirnos mejor. Aunque como siempre digo, nada es perfecto, porque sino la vida no sería vida. 

Por eso, tu mejor versión va al Instagram y todas las cosas que no te gustan y no te dejan ser, las podés poner en Twitter, donde nos permitimos mostrar nuestro lado incorrecto y hacer terapia. 

 Y sí, ya estoy pensando en mudarme a Portugal. Porque para patito feo sobran candidatos. Yo soy un cisne, menos que eso nunca. Amigos alemanes, no me inviten a irme, que yo me voy solo. Mientras tanto, a falta de dulce de leche, le pongo Nutella y lloro un poquito. Eso sí, sólo en Twitter. 


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