Volver con la frente marchita...o no tanto. Después de una semana tremenda en la que terminé agotado después de cerrar la compra del lote de vinos, pongo la mira en mi próxima estación: Buenos Aires. y porque no también el sur patagónico donde voy a estar descansando merecidamente unos cuantos días.
Creo que no puedo más que agradecer a Dios por la vida que tuve y la que tengo. Después de varios años en los que me la pasé realmente mal, el futuro parece promisorio. Es algo que, debo insistir, no lo tenía ni siquiera en el radar. Puede haber estado escrito en algún lado, yo naturalmente no lo sabía.
Yo me vine a Alemania para regresar, eso siempre fue así. Como todo en la vida, a falta de un vehículo que me lleve de vuelta, me tuve que fabricar uno. Y acá estoy al frente de una distribuidora global de vinos argentinos que promete llevarme y traerme en cualquier dirección. Nada mal.
Fue una semana durísima de todas maneras, porque no fue fácil cerrar toda la parte económica del acuerdo y mucho menos mover la mercadería en tiempo y forma. Vinieron a buscar la llave del depósito porque se vencía el contrato y yo todavía tenía mis vinos adentro. Casi me muero.
Ni hablar de los días en Hamburgo, una ciudad que es espectacular y a la que seguro voy a regresar. De hecho uno de mis mejores amigos argentinos me había regalado un libro sobre el rey de Portugal y Brasil que le consiguió al principe heredero una princesa de la liga hanseatica para asegurar que la corona continuara en el poder. Y la pobre mujer, que tenía mucho mejor tino que el hijo del rey, andaba de acá para allá poniendo cordura donde justamente no abundaba. El libro lo recomiendo: "El imperio eres tu"
No encontré todavía a la princesa que va a poner orden y tranquilidad en este lugar. O tal vez sí, pero no lo se. Al menos no en Hamburgo, para decepción propia y de mi amigo, el sponsor de esta idea. No queda otra que ver si en Buenos Aires encuentro alguna que me quiera acompañar.
No es fácil Alemania...ya me costó una mujer que tampoco nunca se imaginó que yo quería en el fondo estar acá. Igual son esas cosas que no ves porque no querés: si en mi habitación había un sticker de la CDU, una foto del Bundestag cubierto por una manta y una maqueta de un tren alemán colgado del techo, se lo podría haber imaginado. Si en la suya había 4 o 5 gatos que me generaban rechazo, también yo me lo pude haber imaginado.
Ayer celebramos el día de todos Los Santos y hoy en la misa rezamos por todos los muertos. Yo lo hice especialmente por mi padre, me encantaría que estuviera acá, que me pudiese ver. Que me hubiera podido consolar cuando me separé y que pudiese brindar conmigo en esta nueva aventura de la que no puedo más que decir me fascina.
Si alguien, en algún momento, me hubiera dicho que yo iba a estar en Alemania fundando una compañía, me hubiese reído. Si además me hubieran anticipado que iba a comprar casi 19.000 botellas de vino, hubiera jurado que estaban todos locos. Creo que de todas maneras aprendí algo en todo este proceso y es que somos capaces de hacer cualquier cosa. Solo necesitamos una idea concreta y fuerza de voluntad.
Ha sido un 2025 increíble y todavía me queda lo mejor. No se si llevar nutella...voy a la tierra del dulce de leche. La misma que dejé hace más de 6 años sin saber lo que me esperaba. Tampoco sé que me espera allá. No me asusta: si pude comprar 19.000 botellas de vino, puedo hacer cualquier cosa.
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