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Las vidas paralelas y las bifurcaciones

Existen la vidas paralelas? Me refiero a esa idea de que en otra parte del mundo hay alguien viviendo una vida igual a la tuya. O incluso un yo virtual al que nunca conociste preparando el camino en el que se van a integrar tu futuro y tu pasado en una sola sustancia. 

Lo que si queda claro es que existen las bifurcaciones, es decir esos momentos en los que tomás el destino en tus manos y vas por un lado dejando a un costado otras posibles vidas que a partir de ese momento pasan a ser solo contrafácticas. 

Me pasó por ejemplo este fin de semana, en el que estaba invitado a un casamiento en Buenos Aires que podía haber cambiado mi destino y decidí quedarme en Alemania, participando del cumpleaños de una amiga que también puede haber cambiado mi destino en la dirección opuesta.

En cualquier caso,  mi vida en Alemania empezó mucho antes de que yo siquiera hubiera pensado en poner un pié en este país. Y de hecho es algo que yo tal vez nunca pude dimensionar, porque estaba latente y no se manifestaba. O tal vez si, solo que yo no lo veía. Tal vez porque nunca veo las cosas más obvias. Eso también puede ser.

Mi papá se ganó una beca cuando yo era muy chico y estuvo varios meses por acá. Al regresar, me trajo entre otras cosas, un Märklin, que no es otra cosa que un tren eléctrico que todavía conservo y que fue agrandando cada vez que le tocaba viajar. 

Junto con el tren, una serie de revistas tipo catálogo de compras, que incluía uno de juguetes con cosas que parecían sacadas de otro planeta. De hecho creo que cualquiera que venga a este país debería pasar un rato por una juguetería, son directamente una locura.

Lo bueno de los conceptos abstractos es que pueden ser cosas muy distintas para distintas personas. Para mi viejo, Alemania, era el país de Beethoven. Para mi una suerte de juguetería a cielo abierto que algún día iba a tener que visitar.

 Y si, en el medio de todo eso, años intentando aprender alemán sin entender por qué o para qué. Era casi como un juego, ser parte de algo que no todos comprenden y que me daba en el mejor de los casos algo de lo que presumir o un lugar medio de pertenencia. Creo que ni siquiera eso. Casi como una obligación, algo que no hacía sentido. En definitiva, una casualidad.

En el año 94, además de la remera de fútbol de Alemania que todavía tengo, mis padres me trajeron un paquete de Nutella que habían probado en el hotel donde se hospedaban. La probé y dije "tiene sabor a poco, a mi dame Dulce de leche". Ese otro yo, que ya estaba acá, cuando yo todavía estaba allá, debe haber dicho "amala flaco, es lo que hay". 

Lo que él no sabía era que en el 2010, 2 años después de haber vendido mi departamento en Argentina para venir, decidí que esto no era para mi y que me volvía. Supongo que en el fondo, si puede haber entendido que no era una decisión personal sino la de alguien que todavía estaba enamorado y que había prometido que si por algún motivo la cosa no funcionaba, nos volvíamos. Nos dolió a los 2 por igual.

Lo que yo no sabía o no pude ver, es que por más que uno quiera, las cosas a veces no van. Y no tiene que ver con un lugar o con una circunstancia, sino con otras cosas. Dos imanes enfrentados con el mismo polo, se repelen. Se pueden mantener en equilibrio si hay otras fuerzas que generan cohesión. Al momento que eso no sucede, vuelan por el aire. 

Y lo que ni él ni yo sabíamos es que otra vez, nos íbamos a volver a encontrar. Que en el fondo lo otro había sido un viaje de exploración y que lo que me hizo regresar,  me terminó expulsandocon la misma fuerza con la que se repelen los imanes. 

Porque lamentablemente, Alemania, te guste o no, te atrapa. Tanto que al final del día y habiendo pagado un precio excesivamente alto para regresar, me sigue pareciendo destino y no casualidad. Porque la casualidad no existe.

Es por eso que, tratando de integrar mi pasado y mi presente, aprovecho estos días de invierno para continuar armando la maqueta de un tren. La misma que había comenzado a diseñar en mi cabeza el día que mi viejo me regaló el tren y los catálogos con juguetes. Y por supuesto tiene muchas cosas que compré acá, pero también tiene un montón de otras que tenía allá, cuando soñaba con visitar esta juguetería. 

Y si, el dulce de leche es mucho más rico que la nutella. Solo que acá no se consigue y entonces lo voy a tener que cocinar. Es lo que hay, no es poca cosa. 

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